Lesiones por presión: grados I a IV, prevención y notificación
Las lesiones por presión son daños localizados de la piel y del tejido blando que aparecen cuando una zona del cuerpo soporta presión sostenida, o presión combinada con cizalla, casi siempre sobre una prominencia ósea como el sacro, los talones o las caderas. En una persona postrada, lo que ocurre en un turno puede definir si la piel llega intacta al siguiente o si hay una lesión que tardará semanas en cerrar.
La terminología actual habla de lesiones por presión (LPP) y reemplaza a la antigua «úlcera por presión» (UPP). Esta guía sobre lesiones por presión está pensada para quienes trabajan en ELEAM, CESFAM y atención domiciliaria. Si necesitas repasar antes cómo se describe una lesión, revisa la clasificación de heridas; y si ya tienes una abierta, el modelo TIME para heridas te ayuda a valorar su lecho.
Por qué aparecen las lesiones por presión
Cuando el peso del cuerpo comprime la piel contra el hueso, el flujo de sangre en esa zona se reduce. Si la compresión se prolonga, el tejido sufre. Tres fuerzas suelen combinarse:
- Presión: carga sostenida sobre una misma zona.
- Cizalla: las capas de la piel se deslizan entre sí, por ejemplo cuando la persona resbala hacia abajo con la cabecera elevada.
- Fricción y humedad: arrastrar sobre la sábana o mantener la piel húmeda por sudor o incontinencia la hace más vulnerable.
A esto se suman la inmovilidad, la desnutrición, la sensibilidad disminuida y la edad avanzada. Por eso las lesiones por presión son, en gran medida, un problema de cuidados: muchas se pueden prevenir.
Los grados I a IV, uno por uno
El estadiaje describe la profundidad del daño. Es lo primero que se registra y lo que orienta la conducta:
Grado I: piel intacta con enrojecimiento que no blanquea al presionar. Puede haber dolor, calor, edema o endurecimiento. En pieles oscuras el enrojecimiento es difícil de ver: busca cambios de temperatura y de consistencia.
Grado II: pérdida parcial del grosor de la piel. Se ve como una ampolla o una erosión superficial con lecho rosado o rojo, sin esfacelos.
Grado III: pérdida de todo el grosor de la piel. Se ve tejido graso, puede haber esfacelos o tunelización, pero no hay exposición de fascia, músculo, tendón ni hueso.
Grado IV: pérdida total del grosor con exposición de fascia, músculo, tendón o hueso. Es una lesión grave que exige manejo por el equipo tratante.
Dos categorías aparte: la lesión no estadificable, cuyo lecho está cubierto por esfacelo o escara y no permite ver la profundidad, y la lesión de tejido profundo, una zona púrpura o granate con piel intacta o ampolla con sangre.
Una regla práctica que evita errores de registro: una lesión no se «reestadifica hacia atrás». Si un grado IV va cerrando, se sigue describiendo como grado IV en cicatrización, no como grado II.
Escalas de riesgo: antes de que aparezca la lesión
Dos escalas de uso habitual en Chile ayudan a identificar a quién vigilar más de cerca:
- Braden: evalúa percepción sensorial, humedad, actividad, movilidad, nutrición y fricción o cizallamiento.
- Norton: considera estado físico, estado mental, actividad, movilidad e incontinencia.
En ambas, un puntaje más bajo indica más riesgo. Usa el punto de corte y la frecuencia de reevaluación que establezca el protocolo de tu centro, y repite la escala cuando cambie el estado clínico de la persona.
Prevención en cinco frentes
- Reposicionar: cambios posturales con la frecuencia que indique el protocolo según el riesgo y la superficie, evitando arrastrar y apoyar directamente sobre la zona enrojecida.
- Superficies de apoyo: colchón y cojines adecuados al nivel de riesgo, y elevación de talones para dejarlos libres de carga.
- Piel limpia y seca: higiene suave, control de la humedad por incontinencia y sin masajear las prominencias óseas.
- Nutrición e hidratación: aporte suficiente de proteínas y líquidos, con apoyo del equipo de nutrición cuando corresponda.
- Dispositivos médicos: revisar la piel bajo sondas, mascarillas, férulas y medias, porque también generan lesiones por presión.
Qué cambia según dónde trabajes
| Contexto | Prioridad principal |
|---|---|
| ELEAM | Rondas programadas de reposicionamiento y registro compartido entre turnos, para que el cambio postural no dependa de la memoria de cada persona. |
| CESFAM | Detectar en el control de salud a las personas con riesgo, educar a la persona cuidadora y derivar a tiempo si aparece una lesión. |
| Domicilio | Capacitar a quien cuida, adaptar la superficie con lo disponible y enseñar los signos de alarma: enrojecimiento que no cede, ampollas o heridas abiertas. |
Registro y notificación de lesiones por presión
Cada lesión detectada debe quedar documentada con grado, localización, medidas, aspecto del lecho, exudado, estado de la piel de alrededor, dolor y fecha de detección. Un dato clave para la calidad asistencial es si la lesión estaba presente al ingreso o apareció durante la atención.
En los establecimientos de salud, las lesiones por presión de mayor gravedad (grados III y IV y las no estadificables) suelen gestionarse como eventos adversos. Qué grados se notifican, a quién y en qué plazo lo define la normativa vigente y la unidad de calidad de tu institución, así que confírmalo con ellos. Este enfoque se enmarca en la cultura de seguridad del paciente que Chile impulsa, por ejemplo con la Cumbre Ministerial Global sobre Seguridad del Paciente 2024 del Ministerio de Salud.
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Artículo elaborado por el Equipo Protégelos360, con más de 15 años de experiencia en salud y cuidado. Contenido educativo: no reemplaza protocolos institucionales ni la indicación del equipo de salud tratante.